‘D. Pedro Carré’, un artículo de Manuel Castelló Rizo

Reproducimos este artículo del músico agostense Manuel Castelló Rizo, titulado 'D. Pedro Carré'.

 

 

Cuando ingresé a los 17 años en la Sección de Música del Ministerio del Ejército me encontré con un clima de estudio impresionante y una banda de música con más de 100 componentes entre suboficiales, cabos y nada menos que 35 educandos, de los cuales los había con la carrera terminada en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, y otros muchos que estaban cursando los estudios superiores también en dicho Conservatorio. Este servidor, que tocaba la trompeta primera en la banda de su pueblo, quedó anonadado del alto nivel de los educandos músicos de aquella banda, pues se encontró con un entorno de trabajo y estudio además de un grandísimo grupo de jóvenes estudiantes de música, los cuales estaban esperando alguna vacante en alguna banda u orquesta para opositar y pasar a formar parte de la gran familia de los músicos profesionales, pero debido a que el Ejército había reducido las bandas de los regimientos, los suboficiales músicos en edad activa fueron reubicados en otras bandas y por ello no creaban plazas vacantes, no las había. Recuerdo que se eliminaron  las bandas de muchos de los regimientos como  en Lorca, Alcoy, Ibiza, Mahón…, en fin, muchas bandas militares fueron suprimidas y sus miembros pasaron a engrosar otras y por ello los nuevos estudiantes de música se quedaron nada menos que 12 años sin oposiciones. ¡Una tragedia para todos!

La Banda de Música del Ministerio del Ejército estaba dirigida por el comandante D. Pedro Carré Campos y por el teniente D. Cipriano García Polo como segundo director, este último hermano del también director de la banda de la Policía Armada, de la Orquesta de Cámara de Madrid y profesor de dirección del Conservatorio de Madrid Isidoro García Polo. Era el comandante Carré uno de esos músicos que vivían por y para la música, además de ser una persona cultísima. Era concertista de piano, dominaba la harmonía, el contrapunto y la fuga, escribía poemas y era asiduo colaborador de la renombrada revista Ritmo -en aquellos tiempos la única dedicada a la música culta en todo el territorio nacional-; en dicha revista publicó los artículos: La Composición y el arte de Improvisar, Apología del vals, Shostakovich (El compositor enigma), Smetana, El arte de modular, D. Juan a través de los compositores, Grieg (El músico poeta) y un largo capítulo de artículos todos haciendo gala de su excepcional sabiduría y culta pluma. Nació D. Pedro en Santander y a la temprana edad de cinco años lo mostraron en un concierto de piano en el Teatro Real de Madrid ante su Majestad, la entonces reina consorte de España, Victoria Eugenia, la cual llamó al palco al niño prodigio Pedrito y le preguntó que quería ser de mayor; el niño sin titubear le contestó que quería ser músico mayor (o sea director militar). La reina dijo: ¡SEA!. Y palabra de reina, Pedrito comenzó unos estudios en todos los órdenes que hicieron de él el concertista de piano, articulista, director y compositor que fue durante toda su vida. Aprobó las oposiciones para teniente director y el 3 de Abril de 1933 durante la 2ª República siendo Presidente del Consejo de ministros el político, escritor y periodista D. Manuel Azaña y Presidente de la República D. Niceto Alcalá Zamora fue destinado al Regimiento de Infantería nº 1 (Inmemorial del Rey). Debo decir que en los tres años que me honró con su batuta, lo admiré por su cultura y capacidad para escribir, dirigir y componer; era capaz de dirigir la banda desde su banqueta ante el piano mientras interpretaba como solista conciertos de Mozart, Grieg…; era especialista en Chopin, siendo sus valses, polonesas mazurcas y nocturnos su pasión. De su faceta de compositor, recuerdo de su autoría varias marchas militares, un gran pasodoble Los faralaes y una obra sinfónica Las brujas en Nochebuena de corte Centroeuropeo. En aquellos tiempos el director y compositor vasco Jesús Arámbarri compuso el preludio Gabon zar Sorguiñak inspirado en Las brujas de Zugarramurdi y otro compositor también vasco Jesús Guridi -autor de Diez Melodías Vascas, El Caserío, Amaya, Sinfonía Pirenaica, Así cantan los niños, Boga boga…- estrenaba en Madrid con gran éxito su zarzuela La Meiga cuyo preludio es muy popular en el repertorio de las bandas de música.

La Banda de la Sección de Música del Ministerio del Ejército bajo la batuta del comandante Carré, además de la parada militar diaria para el cambio de guardia, recibimiento de presidentes de otros países, apertura de las Cortes… interpretaba un concierto mensual en el comedor de tropa en lo que se llamaba “Examen mensual de música” y el comandante Carré hacía gala de su sapiencia, interpretaba sinfonías y conciertos de piano siendo él mismo director-solista, poemas sinfónicos, a menudo obras instrumentadas por él para la gran plantilla de su banda. Así mismo. mientras en Madrid se estrenaba la película West Side Story con música de Leonard Bernstein, él la instrumentó y programó en los conciertos mensuales, puesto que durante las vacaciones hacía un viaje al extranjero y volvía con la maleta cargada con las novedades de Francia, Alemania, Bélgica, Suecia, Estados Unidos…Para este joven iletrado e imberbe, todo aquello que veía en la Banda Militar y con D. Pedro, saciaba, resumía todas sus ansias y expectativas respecto a la música y a los estudios que ya había comenzado en el antiguo Conservatorio de la calle San Bernardo.

Estos meses de encierro en que no he podido ir a mis vacaciones sorianas, a bañarme en el Duero, visitar los lugares de Urbión, La cueva Serena, Castroviejo, mis queridas Tierras Altas, mi castillo y parque de la Dehesa, ni siquiera a cenar ni a departir con mis amigos y familiares, ni a ensayar con la banda, ni a conversar con los amigos ante un café o una cerveza, me ha dado para recordar episodios, maestros y personajes que he ido encontrándome a lo largo de mi vida, y he dado gracias infinitas por haberme topado con tan singulares y cultos maestros los cuales han conformado mi forma de ser y entender la música como profesión y modo de vida, pues la música según mi concepto, no es sólo la más sublime de las artes, es como una religión, una profesión de fe, o una droga que cuanto más pruebas más quieres. A mi edad y todo cuanto he vivido, sería capaz de prescindir de muchísimas cosas, pero me sería imposible vivir sin música ni poesía, y vienen a mi recuerdo unos versos del sufrido poeta vasco Gabriel Celaya, al que llamo “El poeta social” Dicen así:        

“Cuando el día ha acabado y me encuentro cansado, derrotado,
destrozado, asqueado del peregrinar de la vida,
 del mercadeo de los humanos.
Llego a casa y me siento en la penumbra,
pongo el tocadiscos y  entonces  aparecen Mozart, Bach,
Beethoven o Vivaldi y la música reina.
¿No es la felicidad lo que me embarga?”     

Manuel Castelló Rizo

Music d´Agost

 

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